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Sagitario: Hace muy poco salí a la tienda para comprar algo para desayunar. Las nubes flameaban en un cielo azul muy limpio. Ellas me recordaron a un fotógrafo que capta figuras humanas en el humo, el cómo eso acabó por seducirme de explorar mis fotos del fuego. Luego me vino a la mente el reproche de mi buen amigo Jorge cada vez que pido a alguien que encuentre algo en el fuego. Dice que limito la experiencia estética del espectador al encausarlo con esa orden. Esto me quedó más claro a partir de las nubes de aquél día espléndido. De niño les buscaba forma o dichas formas aparecían súbitamente, tal y como sucedía con el tirol del techo o las paredes descarapeladas. Ya estaba bastante grande cuando descubrí que las nubes se movían... más bien, las nubes en movimiento, el cielo en movimiento. Aún hoy siento el vértigo, y crece cuando veo que las nubes avanzan, se enciman, luchan, se abrazan, se disipan. El movimiento fue un algo casual que descubrí al estar mirando el cielo sin buscar nada. Quién soy yo para decirle a alguien que busque algo en el fuego cuando tal vez ya está empezando a arder al observarlo. Y a diferencia del tirol o las nubes, sigo sospechando que algo se deja ver y toma forma en el fuego, o es la forma del fuego que se deja ver para alguna razón desconocida. Haber sido testigo y discípulo de ello me haría entonces un elegido del fuego y eso sería bellísimo. Aún más bello pero más triste sería el que yo fuera un natural de él, soy sagitario, una suerte de desterrado que reconoce la amnesia de un tiempo anterior a través de la fascinación que el fuego le provoca, que es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego.